lunes, 12 de octubre de 2009

Junto al velador


22:59







Cansado, embebido de tanta angustia, sediento de descargar, descargar toda la furia que horas antes me empujo contra el respaldar de un viejo sillón marron. Rozo mi mano izquierda sobre mi mejilla, aspera, no me he afeitado en días, me siento sucio, viejo, todo un energúmeno en ese momento, tengo la boca seca, pero la tendría mas seca aun, a pesar del mareo y del constante torcimiento de todo a mi alrededor, busco entre basura en el cajón de mi velador, he ahí, el ultimo cigarrillo, para terminar de adormilar mi noche.Lo prendo y dejo que el humo gris se vaya disipando en el aire con cada leenta pitada que le doy a dicho Marlboro Rojo. Levanto el celular por séptima vez, en quizá una hora, marco el numero que de mi cabeza no se va desde aquella tarde de abril, esta marcando, uno, dos, tres, cuatro, luego llego a escuchar a la contestadora, a quien no le puedo descargar toda la ira que en ese momento atravesaba, aquella voz, aquella voz de la contestadora me hacia cada vez mas desesperar, pasando de la ira, a la angustia, de la angustia a la impotencia y de la impotencia a la ira de nuevo, juro que cada vez que escucho la voz de aquella mujer repetitivamente, no se me viene a la cabeza otra cosa que no sea la mujer de que hablo en este relato, indirectamente por supuesto, quien gracias a ella, escucho la voz de dicha contestadora de manera incansable, pero yo por supuesto, perdiendo la batalla contra mi orgullo y mi dignidad, dejo que mi corazón, acaricie el celular y vuelva a marcar. Pues no soy mas que su propiedad, no soy mas que parte de ella, fuera de si.



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